BUTLER, Judith. (2024). ¿Quién teme al género? (A. Martorell Linares, Trad.). Barcelona, Paidós, 384 pp.

En su último libro, Judith Butler - filósofa no binaria, teórica feminista y pensadora ineludible en los estudios de género y cuir - reflexiona sobre las diversas fantasías psicosociales que el género ha encarnado, analizando las ansiedades, odios y miedos que las derechas contemporáneas movilizan contra el fantasma de la ideología de género. La pregunta que su trabajo tiene como título, supone desde el inicio una pesquisa política y teórica respecto a la construcción del género como amenaza. En sus términos: “Cuando la palabra género absorbe una serie de temores y se convierte en una obsesión que sirve de comodín para la derecha contemporánea, las diferentes condiciones que realmente dan lugar a esos temores pierden su nombre” (p. 13).  La pregunta ¿Quién teme al género? habilita otra serie de reflexiones que estructuran un posible hilo de lectura del libro de Butler: ¿Quién o quiénes le temen al género? ¿Qué es lo que se teme del género? ¿Qué consecuencias tiene la activación de ese temor? ¿Qué otros temores quedan de lado cuando se propone al género como la fuente de todo mal e incertidumbre? ¿Cómo hacerle frente al temor? Siguiendo este hilo, el libro, compuesto por diez capítulos, se ocupa de las formas y los objetivos que los movimientos anti-género han adoptado en distintas regiones, a la vez que manifiesta la necesidad de recuperar la capacidad imaginativa, es decir, la posibilidad de proponer un futuro alternativo, vivible, a través de la formación de alianzas diversas que puedan desafiar el proyecto de restauración del orden patriarcal promovido por las derechas.

En el primer capítulo, la autora analiza los usos de la retórica anti-género en los procesos políticos y electorales de América Latina, Europa y Asia, identificando como elemento común la asociación entre género y peligro. Examina cómo esta amenaza se formula de maneras diversas y en ocasiones contradictorias. El género se presenta tanto como un ataque a la familia heterosexual, como un riesgo para la seguridad nacional y como una estrategia colonizadora del Norte hacia el Sur global. A través de este análisis, la autora revela el carácter transnacional de estos movimientos, sus particulares formulaciones al articularse con temores y actores locales, y las consecuencias destructivas de la incoherente pero eficaz retórica anti-género.

A lo largo del segundo capítulo, Butler examina la influencia política del Vaticano en los debates sobre el género y en su construcción como una ideología autoritaria y destructiva. La autora expone cómo, desde la perspectiva vaticana de la complementariedad entre hombres y mujeres, la autodeterminación de género supone una amenaza a la familia heterosexual y a la naturaleza dual y dicotómica de lo humano, y en consecuencia un desafío al poder creador de Dios. Además, Butler nos advierte sobre los efectos políticos de estas formulaciones incendiarias: al asociar homosexualidad con abuso infantil, educación sexual y de género con adoctrinamiento y autodeterminación de género con libertinaje, el género se externaliza como amenaza y como enemigo a combatir, al tiempo que se justifica moralmente la violencia contra mujeres, lesbianas, gays, trans, intersex y no binarias.

En el tercer capítulo, la autora advierte sobre la expansión de la censura y la retracción de derechos relacionados con el género en Estados Unidos, impulsada por el avance de los movimientos anti-género. Butler identifica y refuta la caracterización del género como una ideología peligrosa de carácter viral, que según sus detractores expone a las niñeces al maltrato y abuso. Luego examina las consecuencias de esta retórica en dos ámbitos: el sanitario, donde se ha comenzado a negar atención médica a personas trans y se han emitido fallos en contra de los derechos reproductivos y no reproductivos; y el educativo, donde, bajo el pretexto de evitar el adoctrinamiento, se han creado listas negras de docentes y académicos y se han eliminado programas y libros sobre género, sexualidad y teoría crítica de la raza en universidades y escuelas. 

En el siguiente capítulo, “Trump, el sexo y el Tribunal Supremo”, Butler presta atención al resurgimiento de marcos jurídicos patriarcales en Estados Unidos y a las intervenciones del Estado en estos marcos, centrándose en una de las iniciativas de la administración Trump: la redefinición legal del concepto de sexo. En su análisis, la autora no solo cuestiona la asociación reduccionista entre sexo y genitalidad, sino que también pone de manifiesto las consecuencias regresivas de esta inocente disputa por las definiciones, en lo que respecta a las personas trans, intersexuales, gays y lesbianas, al eliminar su protección contra la discriminación por motivos de sexo como condición adquirida. Hacia el final examina críticamente la concepción de libertad que sustentan y reivindican estos marcos jurídicos, una libertad al servicio del mercado, la religión y el orden patriarcal. 

En el quinto capítulo, la autora problematiza los puntos de contacto entre sectores conservadores, religiosos, de derecha y feministas críticas con el género. Tomando como ejemplo el debate público entre feministas y feministas trans excluyentes en el Reino Unido, Butler advierte sobre los efectos negativos de esta división. Señala cómo los argumentos de las feministas críticas con el género refuerzan la fantasía del género como una ficción peligrosa, derivando en una alianza -consciente o no- con la derecha. Con esto en mente, impugna las acusaciones de estos sectores que afirman que la teoría de género niega la materialidad del sexo, critica su apropiación excluyente del concepto de mujer desde una perspectiva biologicista y rechaza su representación de las mujeres trans como posibles depredadoras en virtud de su sexo asignado al nacer. A modo de cierre, enfatiza en la necesidad de incluir en las alianzas feministas a las personas trans y no binarias y de establecer coaliciones interseccionales más allá del género. 

Los capítulos sexto, séptimo y octavo comparten el esfuerzo por revisar críticamente la noción del sexo como una realidad biológica-material y del género como un artificio cultural, destacando la necesidad de comprender su interdependencia. En “¿Qué pasa con el sexo?”, Butler responde a quienes ven la construcción social del género como opuesta a la materialidad del cuerpo, argumentando que el cuerpo sexuado no puede aislarse de lo social. En “¿De qué género eres?”, a partir de los debates sobre la participación de mujeres trans en competencias deportivas, aborda la permeabilidad entre lo biológico y lo social, y examina cómo la clasificación binaria del sexo según criterios hormonales responde más a una construcción normativa que a una realidad biológica. Finalmente, en “Naturaleza y Cultura: hacia la construcción conjunta”, Butler cuestiona la dicotomía naturaleza-cultura, argumentando que esta distinción limita la comprensión del carácter construido tanto del género como del sexo, especialmente de este último. Siguiendo la perspectiva de la interacción conjunta entre naturaleza y cultura, propone que ni el sexo debe entenderse como una realidad biológica aislada ni el género como un mero artificio cultural, sino como materialidades construidas en constante interacción.

En el noveno capítulo, en diálogo con los aportes de los movimientos y teorías feministas, trans y cuir anticoloniales y del Sur, Butler analiza las imbricaciones entre el proceso colonial y la imposición del dimorfismo sexual y el binarismo de género. A partir de estos estudios, visibiliza la diversidad de experiencias de género y la existencia de categorías que desbordan la noción occidental, lo que permite cuestionar la supuesta universalidad del binarismo de género y evidenciar su dimensión colonial. En este marco, la autora responde al argumento que sostiene que el género es una amenaza colonizadora para el Sur global. En contraste, defiende que las luchas de género y anticoloniales deben articularse, ya que las estructuras de género han sido configuradas históricamente por lógicas patriarcales y racistas. Argumentando así que la amenaza colonial radica en la imposición del binarismo de género como norma universal, más que en su cuestionamiento crítico.

En el último capítulo, Butler aboga por una epistemología multilingüe en las teorías de género, subrayando el rol político de la traducción. Frente a las críticas que consideran el concepto de gender ajeno a diversas culturas y las posturas que defienden la impermeabilidad de las lenguas como resistencia, la autora defiende las potencialidades de su encuentro. Si bien reconoce la amenaza colonial asociada a la imposición lingüística, destaca también la impredecibilidad de los significados que las palabras adquieren al ser traducidas. Asimismo, cuestiona la tendencia monolingüista del inglés, que no tiene en cuenta que la traducción de gender en otros idiomas puede tener significados distintos. Finalmente, sostiene que la traducción no solo es un medio necesario para un diálogo global para los estudios de género, sino una oportunidad para el aprendizaje y el desbordamiento de las categorías, incluida la de género. 

A partir de lo reseñado, es posible identificar la apertura de diversas discusiones que no se circunscriben solamente a los estudios feministas, de género y cuir, sino que se extienden también a los estudios sobre los partidos políticos, los debates sobre la democracia, los regímenes políticos híbridos y los populismos, entre otros. En un contexto de avance de las derechas, en el cual el ataque contra el género se ha convertido en un componente central de sus plataformas e identidades, el libro se presenta como un insumo para nuestras teorizaciones sociales e intervenciones políticas. Leído desde Argentina, es inevitable experimentar una sensación de déjà vu, donde resuenan las formas y modos en que el género ha sido convertido en un chivo expiatorio por el gobierno libertario de Javier Milei. Una lectura situada del libro permite reflexionar sobre las similitudes y particularidades del ataque institucionalizado contra el género, al tiempo que interpela las premisas homogenizantes de este fenómeno, incorporando los aportes de nuestras prácticas de organización, resistencia e imaginarios colectivos.

Considerando lo anterior, me gustaría retomar los que considero los dos objetivos políticos más relevantes del libro. En primer lugar, la advertencia butleriana sobre la necesidad de no subestimar los proyectos de restauración impulsados por las derechas a nivel global y de identificar sus rasgos autoritarios y sus componentes fascistas. Para la autora, resulta imperioso reconocer que la construcción de un enemigo, encarnado en las corporalidades de mujeres, lesbianas, gays, trans, travestis y personas no binarias, conlleva la institucionalización de la crueldad contra estas vidas y la justificación de su destrucción, ya sea de manera directa o indirecta. La personificación de la amenaza en esos cuerpos habilita la violencia y la persecución hacia lxs mismxs. 

En segundo lugar, Butler manifiesta la urgencia de pensar la reorganización de los movimientos en defensa del género, y en las características que debe tener este movimiento. En este sentido, plantea la urgencia de situar la cuestión dentro de una lucha social más amplia, que articule demandas relacionadas con la clase, la raza, los movimientos ecológicos, los movimientos cuir y las luchas anticoloniales. Su propuesta apunta a liberar el potencial democrático de estas coaliciones diversas, que se constituyen como un proyecto político emancipador contra los componentes autoritarios y destructivos de los movimientos anti-género. 

En definitiva, ¿Quién teme al género? es un texto esencial para intervenir en nuestras problemáticas contemporáneas, que no debe ser leído como un aporte exclusivamente limitado al campo del género, sino que sitúa los ataques contra este en el epicentro de un proyecto autoritario de restauración, que amenaza tanto los derechos adquiridos como las nuevas configuraciones de libertad consagradas y los valores democráticos fundamentales.

Camila Montaño*



                                                       



* Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales (Universidad Nacional de Mar del Plata - Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas). Lic. en Ciencia Política. Maestranda en Estudios Feministas. Becaria doctoral CONICET. Contacto: camilamontagno@gmail.com