Tania Fabrina Corsetti*
Resumen
En este artículo se exponen los resultados de una investigación sobre mujeres profesionales que eligen no maternar. La estrategia metodológica consistió en entrevistas abiertas, no estructuradas y en profundidad a 12 personas de género femenino residentes en la ciudad de Rosario, Argentina. Se retoman dos cuestiones que han sido centrales en el desarrollo de la investigación. Primero, se recuperan las representaciones sobre la maternidad, dentro de las que destacan el trabajo de cuidados full time, la renuncia a una vida propia o al desarrollo y trabajo profesional, y la pervivencia de la maternidad como mandato social que, sin embargo, no se ha hecho carne en ellas. Segundo, la hipótesis de que la maternidad, en tanto mandato, se incorpora a modo de habitus en los cuerpos femeninos, lo que permite pensarla no ya como destino, sino como un sistema abierto de disposiciones que puede ser afectado por experiencias nuevas y llegar a transformarse, permitiendo desplegar otras prácticas diferentes a la de maternar. La ampliación de espacios importantes en la configuración subjetiva femenina, como el profesional, y la posibilidad de reflexionar y cuestionar los mandatos patriarcales conducen a que la no maternidad se presente como elección y no como renuncia.
Palabras clave: estudios de género – trabajo – maternidad - promoción profesional – feminidad
Habitus or destiny? An approach to motherhood based on the experiences of professional women who choose not to follow this path
Abstract
This article presents the results of an investigation about professional women who choose not to be engaged with nurturing. The methodological strategy consisted of open and unstructured interviews with 12 female individuals living in the city of Rosario, Argentina. In this paper, two aspects, that have been of central importance in the development of the investigation, are taken into account. The first one is related to the representations of motherhood, with some distinguished characteristics, such as full-time care work, the renunciation of personal life or professional development, and the fulfillment of motherhood mandate that has never been their objective. The second one states the hypothesis that motherhood, as a mandate, is incorporated into the female body as a habitus. This understanding enables the consideration of motherhood not as a destiny, but rather as an open system of dispositions that can be affected by new experiences and transformed, thus enabling the display of other different practices apart from nurturing. The conquest of important spaces in the subjective female configuration, such as the professional field, and the possibility of reflecting on and questing patriarchal mandates lead to the clear understanding of childfree life as an option and not as an instance of resignation.
Key words: gender studies – work – motherhood – professional promotion – femininity.
Introducción
En términos generales, la maternidad puede ser definida como una serie
de prácticas, acciones y sentimientos tendientes al cuidado de hijos e hijas
que adquiere significación en un contexto cultural específico atravesado, a su
vez, por procesos sociales, económicos y políticos más amplios. En el magma
liberal, y como resultado de las Revoluciones Francesa e Industrial, la
maternidad se construyó como destino o proyecto vital femenino. Al operar como
mito social ―o sea, mediante la producción y la reproducción de un universo de
significaciones imaginarias constitutivas de lo femenino que forman parte no
sólo de los valores de la sociedad sino también de la subjetividad de las
mujeres (Fernández, 1994) logró inscribirse como la esencia femenina.
Hacia la década del 60, en Argentina, tuvieron lugar una serie de
transformaciones que impactaron significativamente en la vida y la subjetividad
de las mujeres. Por un lado, los cambios en las pautas de fecundidad, el acceso
a la educación (Castillo et al., 2008) y el crecimiento del sector de servicios
que concentró mano de obra femenina (Alfei et al., 1992) propiciaron un
incremento notable de la participación de las mujeres en el mercado de trabajo.
Por otro, en el marco de un complejo proceso de profesionalización femenina
(Martin et al., 2019), algunas mujeres, en su mayoría pertenecientes a los
sectores medios de la sociedad argentina, lograron acceder a la universidad, lo
que permitió la emergencia de una nueva figura social: la mujer profesional (Fernández,
1994). Estos procesos favorecieron la transformación del trabajo productivo, y
principalmente el profesional, en un locus cada vez más significativo en
la configuración subjetiva de las mujeres, mientras que, paralelamente,
debilitaron el lugar de la familia y el hogar como referentes exclusivos de la
feminidad.
Las mujeres han enfrentado serias dificultades para
desplegarse en los ámbitos profesional y doméstico en simultaneidad. Esta
situación responde a una contradicción inherente al orden capitalista entre la
producción económica y la reproducción social (Carrasco, 2001; Esteban, 2006),
que los embates neoliberales no hicieron más que intensificar. La consolidación
de la flexibilización como paradigma de la producción y la organización laboral
implicó, entre otras cosas, una intensificación de los ritmos, tiempos y
procesos de trabajo, a la vez que un compromiso y disponibilidad plena de los y
las trabajadoras para adaptarse a tales requerimientos (Agulló, 2011; Castel,
1997; De la Garza, 2009). Esto, junto a la desinversión estatal y empresarial
del bienestar social, terminó externalizando los cuidados a las familias, al
tiempo que redujo la capacidad de éstas para hacerse cargo de ellos (Fraser,
2020).
En este sentido, investigaciones sobre dinámicas poblacionales muestran
que a nivel mundial son cada vez más las mujeres de sectores medios y altos que
están postergando la decisión de ser madres, principalmente por motivos
profesionales y educativos. El nivel de estudios alcanzado y los ingresos
percibidos guardan relación con la configuración de estas nuevas subjetividades
femeninas, donde la realización personal ya no queda reducida a casarse y tener
hijas/os, sino que se anteponen otras metas, como el estudio, el desarrollo
profesional y el sostenimiento de un estilo de vida que les es propio y con el
que se sienten cómodas (Chacón y Tapia, 2017; Cortazar Rodríguez, 2016; Quiroz,
2012; Zicavo, 2013). Se agrega a esto otra tendencia que, aunque incipiente,
viene avanzando en Argentina y que consiste en que algunas mujeres ya no sólo
postergan la maternidad, sino que directamente no optan por ella.
Ahora bien, ¿es posible “elegir” no ser madre o se trata de “renunciar”
a serlo? Esta pregunta es central, dado que aborda precisamente el lugar que
ocupa la maternidad en las biografías femeninas en un escenario que se
presenta, cuanto menos, complejo. Por un lado, el proceso de
destradicionalización del sujeto contemporáneo, aunque no implica que la
construcción del sí mismo se realice en ausencias de tradiciones u
orientaciones sociales para la acción, sí señala que éstas son cambiantes,
muchas veces contradictorias y asumidas por las personas como opciones más que
como obligaciones (Stecher et al., 2005). Además, debe considerarse la
histórica lucha de los feminismos por desarticular los mandatos patriarcales,
entre ellos el materno, que en Argentina se ha revitalizado en las últimas
décadas a partir de la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito. Sin
embargo, por otro lado, aunque la maternidad sea una institución
que nada, o muy poco, tiene que ver con la naturaleza y, por tanto, tampoco hay
algo del orden natural que funda el “ser mujer” con el “ser madre”, lo cierto
es que sigue constituyendo uno de los mandatos culturales más fuertes de la
sociedad argentina, dado que una mujer ya no debe ser solo madre, pero sí debe
serlo.
En este contexto se llevó a cabo una investigación sobre mujeres
profesionales que eligen no maternar, para la tesis de la Maestría Poder y
Sociedad desde la Problemática del Género de la Universidad Nacional de
Rosario, Argentina. Este artículo presenta algunos de sus principales
hallazgos, con foco en dos variables que resultaron especialmente relevantes en
su desarrollo. En primer lugar, las representaciones sobre la maternidad, entre
las cuales se destacan: trabajo de cuidados full time, renuncia y mandato.
En segundo lugar, a partir de las categorías teóricas de habitus y campo
(Bourdieu y Wacquant, 1995), se analiza el proceso de decidir no ser madre,
entendiendo a la maternidad no ya como destino, sino como habitus, es
decir, como un sistema abierto de disposiciones que, aunque tiende a
reproducirse, puede ser afectado por experiencias nuevas y, de este modo,
llegar a transformarse, permitiendo desplegar otras prácticas diferentes a la
de maternar.
Consideraciones metodológicas
La investigación que dio origen al presente artículo se basa en el
principio epistemológico feminista que otorga autoridad epistémica a las
mujeres como sujetos de estudio, reconociendo que ellas viven muchos hechos que
desde “su” perspectiva necesitan explicación (Harding, 1998). En otras
palabras, este estudio se realizó a partir de las propias “experiencias” de las
mujeres. En este sentido, para acceder al modo en que ellas dan significado a
sus experiencias de ejercer el trabajo profesional pero no así la maternidad,
la estrategia metodológica que configuró el trabajo de campo consistió en
entrevistas abiertas, no estructuradas y en profundidad. Las mismas fueron
realizadas durante el año 2019 y continuaron hasta llegar a la saturación
teórica (Andréu et al., 2007), en marzo del 2020.
El acceso a estas mujeres se realizó a partir de
amigas y conocidas que, a su vez, fueron presentando a otras posibles
participantes ―lo que se conoce como “bola de nieve” o “avalancha”
(Martín-Crespo y Salamanca, 2007). El referente empírico, así construido, quedó
conformado por doce profesionales, de entre 35 y 45 años de edad, que residen
en la ciudad de Rosario y que han decidido no ejercer la maternidad.
La elección de este período etario responde al supuesto de que a los 35
años la mayoría de las mujeres han reflexionado acerca de la decisión de ser o
no ser madres, en tanto comienza a transitarse el último tramo de edad
reproductiva (Garrido y Sacco, 2028). Por su parte, el corte realizado a los 45
años de edad alude a una marca generacional, en tanto permite referirse a un
grupo de mujeres que, más allá de sus singularidades, fueron construyendo su
identidad de género en un mismo contexto sociocultural. Entre otras cosas,
vivieron la consolidación de los principios económicos, políticos y culturales
del neoliberalismo en la Argentina. A pesar de ello, continuaron sus estudios
superiores en la ciudad de Rosario.
La mayoría se formó en universidades, mientras que dos lo hicieron en
instituciones de educación superior no universitaria. En cuanto a sus
profesiones, lo que prima es una gran heterogeneidad: odontología, psicología,
psiquiatría, diseño equipacional, análisis de sistema, tecnicatura química,
traductorado de inglés e ingeniería (en sus ramas química, industrial y
civil). Todas ejercen su profesión en diferentes organizaciones laborales
de la ciudad y zona de influencia, bajo distintas modalidades de trabajo ―desde
cuentapropistas a empleadas del Estado. En lo que refiere a su situación
sexo-afectiva, algunas no están en relación de pareja y viven solas, mientras
que otras conviven con sus parejas. Por su parte, y hasta el momento, todas se
han percibido como mujeres cis.
Por último, y en coherencia con la ética de investigación en el campo de
la Antropología (Achilli, 2005), se garantizó el anonimato y la confiabilidad
de la información. De allí que se reservan las identidades de las mujeres
entrevistadas, quienes aparecerán en el presente trabajo con nombres ficticios.
Representaciones sobre la maternidad
La maternidad ha sido y continúa siendo abordada desde diferentes
disciplinas y perspectivas teórico-políticas dentro de las Ciencias Sociales.
Más allá de esta heterogeneidad, la comunidad científica acuerda en que lejos
de ser definida por su función biológica, la maternidad constituye una
construcción sociocultural, representada de diferentes maneras en distintas
culturas y momentos históricos. A partir de esto, a continuación se indagan en
los significados que las mujeres en estudio asignan a una institución que no
eligen en una sociedad donde, a pesar de algunas transformaciones, sigue siendo
uno de los destinos femeninos privilegiados.
La maternidad como trabajo de cuidado
En Occidente, el ordenamiento social, político y económico de la
modernidad colocó a la maternidad sobre el eje de los cuidados. En otras
palabras, la maternidad se definió a partir del modo en que se satisface
aquello que el antropólogo Malinowski denominó “nurtura”, concepto que se
refiere a las prácticas y acciones orientadas a cuidar, querer y atender
(Collier et al., 1997). A diferencia de la mayoría de las sociedades no
occidentales, donde el cuidado de la infancia no está a cargo únicamente de la
madre, sino que es compartido por los miembros de la familia o la comunidad
(Hays, 1998; Mead, 1993), en la cultura occidental moderna, la crianza infantil
pasó a ser entendida como una tarea específica de la madre (Badinter, 1981).
Esta prescripción de la mujer como madre-cuidadora se desarrolló en un
escenario de profundos cambios políticos y económicos. En primer lugar, la
Revolución Francesa, apelando a la naturaleza como paradigma legitimador,
condujo a la construcción de un nuevo orden político que excluyó a las mujeres
de la ciudadanía para ubicarlas exclusivamente en el mundo privado, reino de
los sentimientos, las pasiones y las necesidades (Ciriza, 2002). Segundo, el
desarrollo de la industrialización, acompañado por los procesos migratorios y
la consolidación de las clases burguesas y proletarias, necesitó de un discurso
moralizante tendiente a la reproducción eficiente de la mano de obra. Por lo
tanto, aquel orden social que inscribía a las mujeres en la esfera privada y a
los varones en la esfera pública (política y/o laboral) sirvió también para
ordenar el mundo de la producción: el capitalismo podía estar tranquilo,
contaría con obreros y futuros obreros bien alimentados, atendidos y cuidados
por sus esposas y madres (Federici, 2018).
Hacia fines del siglo XIX, se produjo otro giro en las ideologías de la
crianza. El amor y el ejemplo ya no alcanzaban para formar la moral del
infante, sino que se debía acudir a la ciencia. La madre también debía
mantenerse al tanto de las últimas informaciones sobre desarrollo infantil y
practicar los métodos que prescribía el conocimiento científico (Badinter,
1981; Hays, 1998; Faur y Grimson, 2016), configurando lo que Hays (1998)
denominó la “maternidad intensiva”, es decir, una actividad de crianza centrada
absolutamente en las necesidades del infante, sin precio y con métodos
determinados por expertos. Esto implica, por supuesto, una atención intensa y
altamente afectuosa por parte de la madre.
Aunque advertida por algunos estudios realizados en Argentina
(Cipollone, 2015; Zicavo, 2013), en la presente investigación se observó que
las mujeres entrevistadas adscriben a esta representación canonizada de la
maternidad. Para ellas ser madre no solo
alude al despliegue de valores altruistas como la entrega amorosa, dulce y
paciente hacia otra persona, sino que también implica un gran compromiso y
responsabilidad puesto que, como argumenta una de las entrevistadas, “[al niño]
hay que darle todo lo que necesite y tratar de enseñarle lo mejor posible para
que haga su vida, darle herramientas para que crezca y para eso tenés que estar
presente” (Vanesa, Ingeniera civil).
Por otro lado, todas las entrevistadas sostienen que la madre, a
diferencia del padre, tiene un lazo más fuerte con la criatura. Si bien buena
parte de ellas no pueden explicar la razón de este vínculo, otras apelan a las
funciones biológicas del embarazo, el parto y la lactancia; mientras que
aquellas profesionales provenientes del campo de la psiquiatría y la psicología
fundamentan la exclusividad del rol materno en términos de estructuración
psíquica del bebé. De esta manera, es posible afirmar que, para el grupo
estudiado, el cuidado de la niñez, al menos en los primeros años de vida,
representa una tarea individual que nuestra cultura prescribe a una única
persona: la madre. Por su parte, la función del padre sería la de acompañar
este proceso. Luego, más avanzada la niñez, habría espacio para la
corresponsabilidad en tanto, como sostiene Ailé desde la psiquiatría, “después
se va construyendo otra cosa cuando el niño va creciendo y después sí
responsabilidades compartidas” (Ailé, Psiquiatra). A pesar de ello, todas las
entrevistadas coinciden en señalar que tal corresponsabilidad no se ve en la
realidad:
Todas mis amigas cuyos maridos supuestamente son padres presentes, lo que hoy una sociedad pretende, que el hombre forme parte de la crianza y no sólo como dador económico, ni que tenga todo permitido como en otro momento, mis amigas laburan la misma cantidad de horas, y las que están con los niños son ellas, las que les dan de comer son ellas, las que los llevan al pediatra son ellas, las que saben si la maestra les pidió la tarea o no son ellas. (Ailé, Psiquiatra)
Al respecto, Pérez de Guzmán (2015) observa que el momento transicional
actual, caracterizado por la existencia tensa entre el modelo de familia
tradicional —que, aunque crecientemente deslegitimado, sigue siendo válido— y
el modelo familiar negociador de dos sustentadores y dos cuidadores adultos,
configura un escenario donde los varones asumen un papel más protagónico en las
tareas del hogar. Sin embargo, pese a esta mayor presencia masculina en los
asuntos domésticos, la evidencia empírica en Argentina es contundente respecto
a la pervivencia de una marcada desigualdad en el reparto de tareas, donde los
varones ejercen más una función de apoyo o acompañamiento que de
responsabilidad plena (Abarca, 2015; Brosio et al., 2022; Domínguez et al.,
2019; INDEC, 2022; López et al., 2011; Micha et al., 2021; Muñiz, 2019). Las
mujeres entrevistadas son conscientes de la inequidad aún imperante entre los
sexos en materia de cuidados y de que esa desigualdad coloca a las mujeres en
situación de inequidad con respecto a los varones dentro del ámbito laboral.
En otro orden de cosas, más allá de la concepción
amorosa y de disponibilidad que reviste el cuidado o la maternidad, en sus
relatos aparecen expresiones que aluden al carácter obligatorio, repetitivo y
agotador de las actividades de crianza. Dicho de otra manera, a pesar del
elevado contenido moral y afectivo del cuidado, todas ellas reconocen y
destacan que se trata de un trabajo que requiere tiempo, dedicación,
energía y el despliegue de una serie de saberes y técnicas aprendidas a lo
largo de la vida. La conocida expresión “eso que llaman amor es trabajo no
pago” de Silvia Federici condensa lo que ellas expresan:
Cambiar pañales, darles de comer, bañarlos, todo lo que vos pienses que es cuidar a una criaturita […] y no tengo ganas de dedicarle toda esa energía por más amor que te devuelvan, que te miren con los ojitos tiernos, no. (Uma, Ingeniera industrial)
El discurso de Uma también es representativo de
otra de las nociones que prevalece entre las mujeres estudiadas: las cargas que
implica el trabajo de cuidados son mayores que sus recompensas. Por su parte,
Clara es implacable al respecto: “No puedo ver todavía las bondades que todo el
mundo dice que tiene la maternidad” (Clara, Ingeniera Química). Como se verá a
continuación, esta forma de entender la maternidad en tanto trabajo de cuidados
full time tiene un costo que estas mujeres no están dispuestas a pagar.
La responsabilidad, dedicación, entrega, tiempo y energía que requiere
el trabajo de cuidados conduce a entender la maternidad como una renuncia.
Pero ¿renuncia a qué? ¿A qué renuncia una mujer cuando es madre?
Una de las consecuencias del trabajo de cuidados que implica la
maternidad es la falta de tiempo para que las mujeres se dediquen a actividades
que potencien su desarrollo, participación y autonomía fuera del ámbito
doméstico, como el laboral (Ganem et al., 2014). De modo que ejercer la
maternidad, más aún de manera “intensiva”, no calza del todo bien con el
ejercicio de otro tipo de trabajo: el profesional.
En un texto previo, donde se abordó específicamente la relación entre el
trabajo profesional y la maternidad (Corsetti, 2024a), se señaló que la
posibilidad de “conciliar” ambos trabajos depende de las modalidades laborales.
En trabajos de hasta seis horas diarias, con licencias y flexibilidad horaria,
la maternidad no sería una dificultad para el despliegue del trabajo
profesional. La situación cambia en la mayoría de los empleos observados,
caracterizados por largas jornadas, intensificación de los ritmos de trabajo y
una disposición y disponibilidad plena por parte de las trabajadoras para
adaptarse a tales requerimientos. En estos casos, la maternidad resulta
incompatible con el ejercicio profesional. Ante esto, modificaciones en sus
empleos o, directamente, renunciar a ellos se perfilan como alternativas. Sin
embargo, para estas profesionales full time, cualquier tipo de
alteración en sus trayectorias laborales repercutirá negativamente en su
crecimiento profesional:
Yo veo que quienes son madres, no es que no trabajen, pero la dedicación bajó muchísimo. Una de las chicas estaba de jefa en un laboratorio y cuando quedó embarazada la bajaron […] Volvió de la licencia, le dijeron: “ah, está él”, “ah, bueno”, “pero quedate tranquila que te mantenemos el sueldo”, “ah, bueno”. Y también ella dijo: “listo, me relajo un poco más”. Y la realidad es que lo necesitaba. Lo que veo es que no creció. (Carla, Ingeniera Industrial)
Yo no podría tener hijos y seguir trabajando acá [en la obra], tendría que renunciar, porque no podría dejar a mi hijo 14 días solo […] y no quiero cambiar mi trabajo. Aparte, todo el crecimiento que tuve no lo voy a tirar. (Vanesa, Ingeniera industrial)
En suma, para las profesionales cuyas biografías laborales están
signadas por la intensificación y extensión de los ritmos y procesos de
trabajo, como resultado de la consolidación de la flexibilización como
paradigma de la producción y organización social en el régimen capitalista
actual, ejercer la maternidad de manera intensiva que, insisto, es la forma que
ellas elegirían de maternar, implicaría renunciar a su desarrollo
profesional-laboral. No obstante, para todas las profesionales, cualquiera
sea su condición laboral, ser madres significa renunciar a su propia vida.
Algunas explican este fenómeno en términos de pérdida de libertad:
Yo lo relaciono automáticamente con atadura […] si tengo que definir a la maternidad, es algo que te ata. (Azul, Odontóloga)
Simone de Beauvoir (2005) ya había identificado el
carácter limitante de la maternidad, considerándola como una actividad
alienante. Según la autora, la maternidad era prescrita como única vía de
realización femenina, restringiendo así a las mujeres en otros espacios
sociales fuera del hogar. Y aunque en la actualidad la mujer madre y ama de
casa full time ha dejado de ser el “capital femenino” que requiere
nuestra sociedad y, por tanto, ha perdido fuerza en la constitución de las
subjetividades femeninas (Fernández, 1994; Meler, 2018; Tajer, 2009), no por
ello ha desaparecido su carácter alienante. Para las entrevistadas, y como lo
expresara también de Beauvoir, esto se debe a que la maternidad implica una
renuncia a los placeres y a la vida personal que, para buena parte de ellas,
está centrada en el trabajo profesional. Así, ser madre supondría también, y
fundamentalmente, realizar profundas transformaciones en este ámbito, cuando no
renunciar a él.
Por último, es relevante destacar que la teoría feminista vino a
cuestionar que la potencia biológica reproductiva de las mujeres implicara una
predisposición social innata hacia la maternidad. En este sentido, se sostuvo
que tal noción no era más que otro de los estereotipos femeninos impuestos por
el sistema sexo-género (de Beauvoir, 2005). Esto es, no se trató de un rechazo
a la maternidad, sino a la identificación de lo femenino con lo materno,
expresada en el binomio Mujer-Madre. Una identificación que, como se verá a
continuación, parece no haber perdido toda su vigencia.
Como se anticipó en la introducción de este apartado, concebir a la
maternidad como una construcción cultural implica, entre otras cosas, reconocer
que nada o muy poco tiene que ver con la naturaleza. Dicho de otro modo, no hay
ningún elemento del orden de la biología que funde el “ser mujer” con el “ser
madre”, por lo que hay que recurrir entonces al plano cultural, pues, como
expresara hace casi un siglo la antropóloga Margaret Mead:
Los ritmos culturales son más fuertes y coercitivos que los fisiológicos y los cubren y los deforman […] de este modo, no satisfacer una necesidad artificial y culturalmente estimulada […] puede producir más infelicidad y frustración en el corazón humano que el más riguroso cercenamiento cultural de las demandas fisiológicas del sexo o el hambre. (1993: III)
La fuerza coercitiva de este destino femenino estaría dada, a entender
de Bourdieu (2010), por la eficacia simbólica del orden social, que encontraría
en la naturaleza un garante de dicho orden. Se trataría, siguiendo con el
autor, de una transmutación del nomos social en necesidad de la
naturaleza, de una suerte de somatización de las relaciones sociales de un
determinado momento sociohistórico.
Continuando el análisis iniciado por
Simone de Beauvoir, Adrienne Rich afirma que detrás de ese destino “cultural”
hay un claro objetivo político: el control de las mujeres por parte de los
hombres. En su clásica obra publicada en 1976, Rich concibió a la maternidad
como una institución, esto es, como un conjunto de normas, discursos y
prácticas sociales, políticas y culturales que han sido construidos
históricamente por el patriarcado para controlar a las mujeres y,
fundamentalmente, a sus cuerpos (Rich, 2019 [1976]). De allí que, la
consolidación del binomio Mujer-Madre, como resultado de profundos cambios
políticos y económicos que se fueron sucediendo en la sociedad liberal
occidental, podría entenderse como de uno de los hilos centrales que tramaron la
institucionalización de la maternidad.
El mandato de
ser madre y de serlo de determinada manera, podría ser transformado, no
obstante y siguiendo con la autora, si se apela a la dimensión de la experiencia.
La experiencia directa, transformadora y única de cualquier persona atravesando
la maternidad. Es decir, que las diversas maneras de experimentar la
maternidad distanciadas de la estructura monolítica - e, incluso, y para
nuestro objeto de estudio, vivir la experiencia de no ser madre- tienen la
potencialidad de acabar con la institución de la maternidad en
tanto forma de sometimiento femenino.
Sin embargo, llama la atención
que, a pesar de las grandes transformaciones sociales que tuvieron lugar en las
últimas décadas, las profesionales estudiadas sostienen que el destino materno
sigue siendo un mandato social. Dado que, para ellas la mujer trabajadora pero
también, y principalmente, madre es el modelo femenino imperante en la sociedad
actual:
Para mí el patrón, el modelo, es que toda mujer tiene que estar casada, juntada y con pibes, pero que además trabaje, sea independiente. (María Pía, Diseñadora Equipacional)
Por eso, resulta interesante indagar en la pervivencia del mandato de la
maternidad y preguntarse cómo se inscribe el ordenamiento social en el plano de
las subjetividades femeninas al punto que, como sostiene Ailé, “hay muchas
mujeres que son madres porque es lo que tienen que ser” (Ailé, Psiquiatra).
En línea con Bourdieu (2010), se sostiene que para comprender cómo la
institución de la maternidad se instituye como esencia de la feminidad se hace
necesario apelar a su dimensión simbólica. Esto es, entender a la maternidad
como un mito social que produce y reproduce un universo de
significaciones imaginarias constitutivas de lo femenino conformes con los
valores de la sociedad y la subjetividad de las mujeres (Fernández, 1994).
Fernández señala que los mitos sociales operan como organizadores de sentido de
los actos humanos, estableciendo las líneas de demarcación de lo lícito y lo
ilícito, lo permitido y lo prohibido, lo deseado y lo no deseado. Ese modo de
operar sería, de acuerdo con la autora, una forma de violencia simbólica ya
que, a través de su mecanismo de totalización y esencialización, invisibiliza y
niega las diversidades de sentido que diferentes mujeres tienen en relación con
la maternidad:
Me molesta porque tengo que andar explicando que no quiero tener hijos, entonces si digo que no quiero tener hijos es peor, porque te dicen: “¡¿Cómo no querés tener hijos?!”, y de vuelta viste […] Como que me molesta que uno no lo pueda decir como una opción, o sea, porque no deja de ser una opción válida. (Rosario, Analista de Sistemas)
Sin embargo, el hecho de que estas mujeres puedan expresar y vivir la
maternidad no como mandato sino como opción, plantea algunos
interrogantes acerca de la eficacia simbólica con la que opera en la sociedad
actual el mito de la maternidad. Si para la mayoría de las entrevistas la
maternidad constituye aún hoy un mandato social, ¿por qué no se ha hecho carne
en ellas?
Los datos publicados por el Observatorio
Latinoamericano de Censos de Población (OLAC, 2017) muestran que en Argentina
la proporción de mujeres al final de su etapa reproductiva (40-44 años) y de
nivel educativo alto que, en el año 2001, no tenían hijas/os era del 14.2 %,
llegando al 14.6 % en el 2010[I].
Asimismo, y aunque este tipo de estudios no informa acerca del carácter
voluntario o no de la nuliparidad (Fanta y Sacco, 2018), algunas
investigaciones de corte cualitativo advierten que la existencia de mujeres que
no solo postergan la maternidad, sino que directamente no optan por ella, lejos
de ser una excepcionalidad, constituye una tendencia social que viene creciendo
en el país (Meler, 2018; Solodovsky, 2019; Zicavo, 2013).
Por otro lado, a pesar de que las entrevistadas enfatizan las
continuidades, algunas explicitan ciertos cambios respecto a otros períodos
históricos. Entre ellos, se destacan el incremento de espacios y experiencias
que amplían el universo de significaciones imaginarias constitutivas de lo
femenino, como así también la posibilidad de reflexionar y cuestionar la
maternidad como destino ineludible de toda mujer.
De allí, la invitación a pensar en la posibilidad de algunas
transformaciones socioculturales que estarían restando eficacia al mito de la
maternidad y, por tanto, habilitando nuevas formas de ser mujer que rompen con
el binomio Mujer-Madre, pero sin desconocer el carácter de agencia de los
sujetos sociales. Desde este enfoque relacional comienza a hacer sentido esta
suerte de sin-sentido que se observa en el campo: para las profesionales de
este estudio, la maternidad es un mandato social pero no para ellas, que eligen
no ejercerla.
En este apartado se analiza el proceso de decidir no ser madre.
Siguiendo con el enfoque relacional de Bourdieu y con las perspectivas de
autoras como Rickie Solinger (2007) y Carolina de León (en Rich, 2019 [1976]),
críticas a la “ideología o paradigma de la elección”, se sostiene que la
decisión de no ser madre lejos de ser un asunto individual y privado, está
profundamente vinculado a las dimensiones políticas, sociales, culturales y
materiales de existencia. Como se verá al profundizar en los motivos que
condujeron a estas mujeres a optar por no maternar, se evidencia que tal
decisión se despliega en un contexto cultural y económico, donde el ejercicio
de la maternidad no calza nada bien con la flexibilización laboral y los
valores neoliberales de autonomía, productividad y éxito profesional.
Transformando el habitus de la maternidad
Las categorías de habitus y campo pueden ser de gran ayuda
para comprender el proceso mediante el cual estas mujeres desobedecen el
destino cultural de la maternidad. Desde esta perspectiva, la maternidad —en
tanto una determinada disposición a actuar, percibir, valorar, sentir y pensar,
que ha sido interiorizada por cada mujer en el curso de su historia personal,
que es también social— constituye aquello que Bourdieu denominó habitus.
Asimismo, este habitus o práctica socialmente incorporada que se ha encarnado
de manera durable en el cuerpo, como una segunda naturaleza, una suerte de
naturaleza socialmente constituida, al decir de Gutiérrez (1994), está en
íntima relación con las estructuras sociales externas, con las condiciones
objetivas de existencia o el campo (Bourdieu y Wacquant, 1995).
La relación entre habitus y campo es de condicionamiento:
el campo estructura el habitus, que es producto de la incorporación de
la necesidad inmanente de este campo; pero también es una relación de
conocimiento, en tanto el habitus contribuye a constituir el campo
como mundo significante, dotado de sentido y valía, donde vale la pena
desplegar las propias energías. Así, y continuando con los autores, toda vez
que el habitus enfrenta condiciones objetivas idénticas o semejantes a
aquellas de las cuales es producto, está perfectamente adaptado a ellas sin
necesidad de hacer ningún esfuerzo de adaptación consciente. En ese sentido,
podría decirse que el efecto del habitus es redundante con el efecto del
campo.
Para las profesionales de esta investigación, la maternidad muchas veces
no es producto de una decisión pensada. Por el contrario, ser madre constituye
―al menos en un primer momento― el principio “no elegido” de las mujeres en el
actual contexto sociocultural, dado que la mayoría de ellas está destinada a
encontrar circunstancias similares a las cuales originalmente moldearon su habitus
y, por lo tanto, a vivir experiencias que vendrán a reforzar sus disposiciones.
Sin embargo, como advierten Bourdieu y Waqcuant
(2005), el habitus no es destino. Como producto de la historia, el habitus
es un sistema abierto de disposiciones enfrentado constantemente a experiencias
nuevas y, en consecuencia, afectado por ellas. Y si bien su carácter perdurable
se debe a que estas experiencias no son tan nuevas o que pueden ser transitadas
con las disposiciones aprendidas, es posible que tenga lugar alguna mutación.
O, en términos de Rich (2019 [1976]), es posible desplegar una experiencia
diferente ―aunque nunca por fuera― de la institución maternal.
Volviendo a la perspectiva de los autores, podría
pensarse que la maternidad sólo dejará de operar como mandato para ser producto
de una decisión cuando tenga lugar una profunda transformación de las
relaciones objetivas, como en alguna situación de crisis (de instituciones,
modelos sociales o cualquier mecanismo social). En este sentido, buena parte de
las entrevistadas advierte que la ampliación de experiencias y espacios
―fundamentalmente profesionales― que la modernidad tardía puso a su disposición
(Giddens, 1995), jaquea el dispositivo Mujer-Madre, a la vez que les permite
desplegar otras formas de ser mujer sin la necesidad de inscribirse como
madres:
Todos necesitamos anclajes a la
vida. Vos me
preguntabas por mi trabajo, yo creo que mi trabajo es un anclaje, mis amigos,
mi vida social, mis animales, la lectura, son anclajes. Yo hoy no necesito un
hijo, porque tengo un montón de otros anclajes. (Ailé, Psiquiatra)
También dejará de ser mandato cuando la agente
social se disponga a reflexionar
conscientemente acerca de su situación pasada, presente y futura, evaluando sus
necesidades, limitaciones y deseos, la
posición que ocupa en el campo y el modo en que llegó a él. En otras
palabras, cuando haga consciente las
disposiciones y opciones con las que cuenta, a la vez que sepa que esta forma de percibir está determinada, en parte, por
las condiciones económicas y sociales de su constitución:
Para mí, el trabajo influye. Dedicar 6, 7 años a una carrera universitaria, empezar a trabajar, hacer pasantías, después empezar a laburar, te encontrás con situaciones, tenés presiones, tenés responsabilidades, va a moldear seguro tu decisión de ser madre. (Uma, Ingeniera industrial)
Yo era Susanita[II], quería el combo, casamiento, todo […] Y bueno, en ese momento el tema de la maternidad era algo que venía con una, o sea uno jugaba a ser madre y todo eso […] Y cuando empiezo a entrar en el tema del feminismo, ir a marchas, estar en estas reuniones, nos llevó a un crecimiento a todes los que estábamos ahí […] yo tuve situaciones y personas que me hicieron pensar y cuestionarme “¿este es mi deseo real? ¿Yo me veo haciendo esto toda la vida?”. (Azul, Odontóloga)
En Argentina, los feminismos han tenido un destacado rol en esta
decisión. La lucha por el aborto legal, seguro y gratuito, especialmente en la
década pasada, ha visibilizado y politizado, quizá como nunca antes, a la
maternidad. La proclama “la maternidad será deseada o no será” invita a pensar,
por ejemplo, en el lugar del deseo, la elección de ser madres, la posibilidad
de pensarse como mujeres sin más. Puesto que, si bien una sola de las
entrevistadas manifestó explícitamente “Mi decisión de no ser madre está
atravesado por el feminismo” (Azul, Odontóloga), todas ellas están inscriptas
en una sociedad donde circulan masivamente discursos, saberes y prácticas
cuestionadoras de los mandatos tradicionales femeninos, entre ellos el materno.
Asimismo, considero importante destacar que las profesionales
entrevistadas se muestran muy hostiles a la maternidad como habitus,
enfatizando la necesidad de reflexionar, pensar y evaluar tanto las condiciones
presentes, pasadas y futuras, como sus deseos acerca de la maternidad. Esta
suerte de autosocioanálisis, en términos de Bourdieu y Waqcuant (1995), fue y,
en algunos casos continúa siendo, un proceso de reflexión en todas las
biografías estudiadas. Es decir, todas ellas han reconocido sus deseos, sus
posibilidades y limitaciones, sus libertades y necesidades contenidas en un
sistema de disposiciones y, con ello, han podido, no sin contradicciones, tomar
distancias de las mismas y desarrollar otra práctica social.
En síntesis, el incremento de experiencias y espacios, fundamentalmente
el profesional, que amplía el universo de significaciones imaginarias
constitutivas de lo femenino, junto a la posibilidad de reflexionar sobre la
maternidad, cuestionar, decidir y actuar en consecuencia son aspectos
socio-culturales novedosos que habilitan transformar la práctica socialmente
incorporada de la maternidad. Veamos ahora cuáles fueron los condicionantes que
las condujeron hacia esta transformación.
De los motivos de la no maternidad
Investigaciones previas (Ávila, 2005; Castañeda, 2015; Cipollone, 2015;
Chacón y Tapia, 2017; Cortazar Rodríguez, 2016; Quiroz, 2012; Zicavo, 2013)
indican que la decisión de no tener hijas/os, lejos de responder a una única
causal, viene dada por una serie de condicionantes que actúan diferencialmente
en el proceso de elegir no ejercer la maternidad.
Uno de los elementos que está presente en algunas de las biografías
estudiadas refiere a vivencias familiares experimentadas en la infancia.
Específicamente, se observa que ciertas relaciones conflictivas familiares,
como la separación de los padres, enfermedades de hermanas/os o la obligación
de desempeñar tempranamente las labores maternales de cuidado y atención dentro
del hogar constituyeron experiencias tempranas que las alejaron de la
maternidad como proyecto de vida.
Por otro lado, la situación sexo-afectiva constituye otra de las
dimensiones que entran en juego en el proceso de decidir no ser madre. Al
respecto, Castañeda (2015) señala que entre las condiciones económicas y
emocionales requeridas para ejercer una buena maternidad se encontraría la de
contar con una pareja adecuada para ser el padre de sus hijas/os. En el campo
se observó que, para algunas de las mujeres entrevistadas, la maternidad es en
sí misma un proyecto de pareja y familia. Sin embargo, vivir una relación
sexo-afectiva estable no parece ser determinante, dado que la mitad de ellas
está en pareja y, algunas, desde hace varios años. De hecho, la decisión de no
tener hijas/os es uno de los aspectos que comparten con sus compañeros y, para
muchas, fue una condición fundamental para la constitución de la pareja.
Además, atendiendo a que para las mujeres de este estudio la maternidad
implica la pérdida de la libertad y de una vida propia, uno de los elementos
que incidió significativamente en la elección de no ejercerla está ligado
precisamente al sostenimiento de su autonomía. Como expresa Ailé:
No soy madre porque no sé si estoy dispuesta a renunciar a mi libertad por un hijo. Y entiendo que un hijo implica renunciar, más que otras cosas, a la libertad […] Libertad de decidir por mí lo que quiero hacer cuando quiero hacerlo. (Ailé, Psiquiatra)
Estos valores de libertad e independencia también
aparecen asociados al mantenimiento de un estilo de vida que les es propio y
con el que se sienten cómodas, de modo que la decisión de no ser madres también
estaría respondiendo a su deseo de no sacrificar actividades del orden del ocio
y el placer. Se trata de aquello que Zicavo (2013) denominó “demanda de ocio” y
que alude a una serie de actividades que para estas mujeres son importantes y,
por tanto, reclaman para sí, tales como lecturas, vacaciones, viajes, reuniones
familiares y sociales, entretenimientos, cursos, consumos de diverso orden,
dormir o simplemente “no hacer nada”.
Por último, en aquellas mujeres que conciben el
trabajo profesional como eje de sus vidas y que trabajan full time, se
halló que el trabajo y el desarrollo profesional son factores de peso en
la decisión de no ser madre. Este condicionamiento vendría dado por el gran
espacio material, en términos de energía y tiempo —diario, pero también
biográfico— y simbólico que ocupa el trabajo profesional en detrimento del
espacio requerido para el trabajo de maternar.
Hay que entender, junto con Foucault (2007), que bajo el régimen
neoliberal el trabajo no sólo constituye una fuente de ingresos, sino que
también comporta un capital, una idoneidad, una aptitud que hace del trabajador
un empresario de sí mismo. Así definido, el trabajo es un capital indisociable
de quien lo posee: la aptitud de trabajar, la idoneidad, el poder hacer algo no
es inseparable de quien puede hacer ese algo.
Desde esta perspectiva, podría pensarse que buena parte de las mujeres
de la presente investigación basan su elección de no maternar en el principio
empresarial de la racionalidad estratégica, que orienta la forma en que se
asignan el tiempo y la energía, en tanto recursos escasos, a fines que, para
buena parte del grupo estudiado, son antagónicos: el trabajo profesional y el
trabajo maternal.
Me da más posibilidades que si fuera madre no podría […] Por ejemplo, aceptar el cargo que hoy estoy aceptando, si yo tuviera un hijo chiquito no lo podría aceptar. No es que no podría, no lo haría. (Ailé, Psiquiatra)
Además, si bien la incidencia del trabajo y desarrollo profesional en la
elección de no ser madre se visibiliza con claridad en este último grupo de
trabajadoras, al recorrer las trayectorias formativas y laborales de todas las
mujeres entrevistadas se advierte que están atravesadas por elecciones —tales
como traslados, viajes, estudios, acceso a cargos jerárquicos, etc.— que,
siguiendo este principio de racionalidad estratégica, aumentaron su idoneidad
profesional, al tiempo que las fueron alejando del proyecto de maternar.
Es lo que les digo a mis amigas cuando están mal porque se rompen el traste y no crecieron, y les digo: “bueno, yo crecí porque me fui, porque no tengo familia propia, y valorá lo que tenés, tu familia, tu marido, tu casa, tu perra, tu pibe”, y está bien, es lo que elegiste, no está ni bien ni mal. (Josefina, Traductora de Inglés y Técnica Química)
Se hace necesario remarcar que estas
elecciones se inscriben en un escenario económico y laboral muy complejo donde,
tanto en la región como en Argentina, la maternidad constituye una fuente de
desventaja para las trabajadoras (Pautassi, 2005)[III]. Por eso, no es de sorprender que la mayoría de las profesionales
entrevistadas consideren que la maternidad no colabora con la promoción de las
mujeres en el mercado de trabajo. De allí que todas ellas reconozcan que no ser
madres les permitió disponer de un tiempo y espacio material, pero también
subjetivo, para dedicarse a su carrera: trabajar gran cantidad de horas,
continuar estudiando, realizar traslados y estadías, acceder a cargos
jerárquicos o disponer del tiempo de ocio y
descanso necesarios para afrontar los retos del trabajo productivo. Todos estos
aspectos incidieron positivamente en su desarrollo y trabajo profesional.
Esta imposibilidad de maternar y trabajar profesionalmente
en simultaneidad no solo viene dada por el modelo de maternidad intensiva y
domesticada (Hays, 1998; Rich,
2019 [1976]), al que las entrevistadas adscriben,
sino también por la consolidación de la flexibilización laboral, junto a una
transformación de las significaciones del trabajo productivo. Para estas
mujeres, el ejercicio de su profesión se presenta como una referencia
dominante en lo económico, pero también en los planos psicológico, cultural y
simbólico (Corsetti, 2024a). Más aún, con muy pocas excepciones, como Rosario
quién manifestó
que en un futuro le gustaría trabajar menos horas porque “a mí me encanta mi
trabajo, está todo bien, pero uno debería poder hacer otras cosas” (Rosario,
Analista de Sistemas), el resto de las profesionales no realizan mayores
cuestionamientos a la modalidad laboral. Aunque muchas de ellas tengan jornadas
de hasta 12 horas, realicen guardias y deban estar pendientes del teléfono
incluso durante sus vacaciones, el carácter alienante es atribuido a la
maternidad y no al trabajo productivo.
Estas consideraciones ponen de relieve, por un lado, la
intensificación de las tensiones generadas por la contradicción entre la
acumulación del capital y la sostenibilidad de la vida, donde el diseño de
estos nuevos empleos exige que las personas no tengan que dedicarse a
actividades extralaborales, como atender los asuntos domésticos y cuidar de
otras personas. Y, por otro lado, como señalé en un análisis anterior
(Corsetti, 2024b), la posibilidad de que estemos asistiendo a un tránsito de la
opresión de la maternidad como reproducción social a la opresión del trabajo
profesional como reproducción del sistema capitalista actual. Un sistema que
propicia un escenario en el que los cuidados, en tanto obstáculo para la
producción y el consumo full time, pueden devenir, como advierte Fraser
(2020), en un residuo del que de alguna manera habrá que prescindir.
Conclusiones
En el presente trabajo se procuró dar cuenta de la transformación del habitus
de la maternidad en la sociedad contemporánea a partir de las experiencias
de mujeres profesionales que deciden no ser madres. En primer lugar, se expuso
el abanico de significados que las mujeres estudiadas disponen sobre la
maternidad, más allá del sentido tradicional y, fundamentalmente, se argumentó
que sus vivencias de no maternidad responden a una elección.
Segundo, las entrevistadas advierten que la ampliación de experiencias y
espacios, fundamentalmente profesionales, enriquece el universo de
significaciones imaginarias constitutivas de lo femenino. En este sentido, el
trabajo profesional constituye una experiencia distinta que jaquea el binomio
Madre-Mujer, a la vez que permite desplegar otras formas de ser mujer sin la
necesidad de inscribirse como madres. Por último, entendiendo que el habitus
es precisamente el principio no elegido de todas las elecciones, se destaca en
estas mujeres la posibilidad de reflexionar conscientemente acerca de su
situación pasada, presente y futura, evaluando sus necesidades, limitaciones,
deseos, la posición que ocupan en su entorno laboral, familiar y social y el
modo en que llegaron a eso.
En síntesis, la inscripción de las mujeres en nuevos espacios sociales
—como el profesional— y, con ello, el debilitamiento de la eficacia simbólica
del mito de la maternidad en la configuración de la subjetividad femenina,
junto a la posibilidad de reflexionar, cuestionar y decidir, constituyen
aspectos socioculturales novedosos que podrían explicar esta tendencia que,
aunque incipiente, viene en aumento en Argentina: trabajadoras profesionales
que eligen no ejercer la maternidad.
En cuanto a los motivos que condujeron a estas profesionales a no
maternar, se observa que la decisión de no ser madre, lejos de responder a una
única causal, constituye un proceso complejo donde entran en juego una serie de
condicionantes que actúan diferencialmente y que cada mujer experimenta de
manera singular, dentro de los que se destaca la prioridad del desarrollo
personal y el trabajo profesional. Esto ocurre en una sociedad donde la
flexibilización laboral intensifica el carácter patriarcal de buena parte de
las organizaciones laborales y escasean las políticas públicas referidas al
cuidado, que sigue recayendo en las mujeres, configurando una forma de maternar
intensiva que exige no sólo desplegar una serie de actitudes y capacidades de
crianza, sino también una dedicación full time, en detrimento de la
autonomía y de la construcción de una vida propia.
A raíz de lo expuesto, actualmente me encuentro realizando mi
investigación doctoral sobre la relación entre el ejercicio del trabajo
profesional y el ejercicio de la maternidad en mujeres madres que trabajan en
empresas privadas de la ciudad de Rosario y zona de influencia, uno de los
polos industriales más importantes del país desde la década de los 60.
Considero que esta línea de investigación resulta pertinente y necesaria para,
por un lado, ampliar el repertorio de prácticas y saberes acerca de la maternidad
y, por otro, analizar cómo estas formas de vivir la maternidad inciden en el
trabajo profesional, a fin de seguir construyendo conocimiento que permita
avanzar en la conformación de espacios laborales con equidad de género en la
región. Asimismo, dicha equidad requerirá ineludiblemente de un cuestionamiento
profundo de la valorización y organización del cuidado, pero también de los
modos de trabajar y producir en el actual régimen capitalista.
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* Magister en Poder y Sociedad desde la Problemática del Género, Licenciada y Profesora en Antropología en la Universidad Nacional de Rosario. Doctoranda en la Universidad de Buenos Aires. Becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas en Investigaciones Socio Históricas Regionales (ISHIR-CONICET-UNR). Docente en Universidad Nacional de Rosario. Contacto: taniafabrinacorsetti@gmail.com
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Tania
Fabrina Corsetti. “¿Habitus o destino? Un abordaje de la maternidad desde las
experiencias de mujeres trabajadoras profesionales que eligen no ejercerla”
en Zona Franca. Revista del Centro de estudios Interdisciplinario sobre las
Mujeres, y de la Maestría poder y sociedad desde la problemática de Género,
N°33, 2025, pp. 52-81. ISSN, 2545-6504 Recibido: 8
de abril 2025; Aceptado: 13 de agosto 2025. |
[I] Estos datos no corresponden al último período
censado en Argentina, pero se toman como referencia porque en los resultados
del censo del año 2022, no se publicaron datos sobre la tasa de nuliparidad o porcentaje de mujeres
que no han tenido hijos o hijas nacidas vivas.
[II] Susanita es un personaje de la popular tira cómica “Mafalda”, cuya meta más codiciada es la de casarse, ser ama de casa y tener muchos hijitos en la adultez.
[III] En un estudio realizado por Laura Pautassi (2005) sobre legislaciones laborales y género en América Latina, se destaca que en esta región las primeras leyes laborales tuvieron una matriz patriarcal donde, y en coherencia con la división sexual primaria del trabajo, la mujer era pensada como madre y el varón como el trabajador. De allí que todas las regulaciones fueran protectivas de las mujeres, léase las madres. Será en 1979 donde en los organismos internacionales y, por tanto, en las legislaciones de los Estados Parte, comenzará a incorporarse el principio de equidad de género en el mundo del trabajo. Sin embargo, este avance en términos de promoción de la igualdad se encontrará en los 90 con los procesos de ajuste y reformas estructurales que tuvieron lugar en la región y en Argentina. De este modo, a pesar de la existencia y ratificación de todos los mecanismos y disposiciones para garantizar la equidad de género, en los hechos se implementó una flexibilización y precarización de las condiciones de trabajo que implicaron un mayor perjuicio para los y las trabajadoras. Para ellas, el problema no sería que la mujer sea considerada y protegida como “madre” sino que, a la luz de estas políticas neoliberales, el problema es precisamente que sea o quiera ser madre. Así, la maternidad pasa de ser una función social, protegida por el Estado de Bienestar, a una cuestión individual que, agravada por el retiro de los servicios sociales estatales en la mayor parte de los países latinoamericanos, complejiza la situación de las mujeres trabajadoras.